domingo, 7 de julio de 2013

El vino de la Costa - por Horacio A. Urbañski

APORTE LIRICO AL CONCURRIDO ACONTECIMIENTO
BERISSO

Agridulce mensajero de la vid
que haces perdurable
la ancestral costumbre de beberte
que Noé
hizo heredar a los humanos.            
Recorres en invierno
cuya verde hemorragia
contendrá la primavera,
vigorizando pámpanos y sarmientos
hasta llegar a la morena gravidez 
fecundada
por un rubio amante
que entibia su amor
y te entrega
en las cercenantes manos del hombre cuando amarillea el otoño.                                                                       
 Tu trago,
peristáltico y feliz,
es el metabolismo
del barro milenario  
que algún inmigrante antepasado y *fortachón*,
hirió de frente,
con su mente,
sus músculos y su pala
después que la estocada final
de la perseverante esgrima
del hacha y del machete
aplanaran la audacia montaraz,
para revolearlo
detrás de sus espaldas
engendrando un trono de greda
al que se asciende
remando y chapaleando                                      
por infinitos surcos de agua.
Los labradores, orgullosos,
te armaron caballero,
por ser noble fruto de la tierra.

 Tu heráldica
es una maravillosa tosquedad
nacida en las riberas
y fermentada con sudor y tiempo
para ahogar penas
o nadar en tu alegría,
para acompañar mesas cotidianas
o ser huésped de fiestas rudas
o decantarte
para saborearte dulzón
en galas lucientes o ambarinas
y porqué sos
la personal creación del labriego
posesión inalienable
de su limitada esperanza,
patrimonio
de toda su inmensurable
pequeña riqueza.

HORACIO ALBERTO URBAÑSKI

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